sábado, 17 de septiembre de 2016

Llegó a mi


Llegó a mí
No sé si era impura,
con muy poca ropa vestida,
le di cobijo y comida,
después de un largo baño,
en mi cama, se quedó dormida.
Estuve toda la noche entera,
contemplando sus facciones.
En verdad linda y bonita era,
tenía cara de querubín, de ángel,
las manos como de cera esculpidas.
Cubrí su cuerpo con las sábanas
para que frío no cogiera,
Me adormilé llegando el alba,
al despertarme casi a medio día
encontré una nota que decía:
Gracias por tu la hospitalidad,
si alguna vez lo necesito,
posiblemente yo retorne ese día.


AsdG. 12 enero 2010.

martes, 13 de septiembre de 2016

Ella era mujer casada


¿Por qué la han incinerado?
¿Por qué ella no fue enterrada,
cuando murió en campo santo?
Donde yo pudiera ir,
cada mañana a rezarle,
llevarle un ramo de flores,
a contarles mis tristezas,
mis poquitas alegrías,
y conversar con ella un rato.
¿Por qué quemaron su cuerpo?
¿Por qué sin nada me dejaron?
No tengo nada de ella,
ni tan siquiera un retrato.
Ni tengo derecho a pedirlo,
no me lo darían los suyos
Ella no fue nada mío,
ella no me conoció,
nunca habíamos conversado,
Yo fui para ella y los suyos,
lo mismo que sigo siendo,
un completo desconocido.
Ella era mujer casada,
ella tenía a su marido,
también tenía a sus hijos.
Yo estaba de esa mujer.
locamente enamorado.
Enamorado y en silencio,
más de treinta y cinco años,
siempre mi amor lo he llevado.
Por ser ella mujer casada,
yo no tenía ni tengo,
ni tan siquiera el derecho,
de decirlo o de comentarlo.
Hoy he oído decir.
Que sus cenizas han llevado,
en un barco y en alta mar,
allí la han depositado.
Vengo del espigón del puerto,
desde allí le he rezado.
Y donde rompían las olas,
un ramo de rosas he lanzado,
El ramo se fue mar adentro,
mientras yo le estaba hablando.
Le decía con mis labios,
lo mucho que la quería.
Que nunca antes se lo dije.
Porque tenía marido,
que era de un hombre casado.
Ahora que ya quedó libre,
la muerte la ha separado.
Le he dicho cuanto la quiero,
lo mucho que la he querido.
Que siempre mi corazón,
por ella estará ocupado.

AsdG. 22 abril 2009


El Grito




Ese grito de esa niña
que se quedó sin familia,
porque unos marineros
se divertían desde el barco
haciendo ejercicios de tiro,
practicando el tiro al blanco,
sobre familias que en la playa
el día estaban pasando.
Hombres, mujeres descansando
y los niños como siempre,
en la arena, estaban jugando.
Y de esa dos familias,
solo una niña se salva.
Que junto al cadáver de su padre,
la niña grita con fuerza:
¡Padre, levántate y anda,
regresemos pronto a casa!
Y el padre no resucita,
ella no es Jesucristo,
ella es, tan solo una niña
que llora , llora y grita,
se ha quedado sin familia.
Huérfana y sola en el mudo
porque unos marineros,
gentes con un Dios al que adoran,
pero sin pizca de escrúpulos
se divierten ametrallando
en las playas a dos familias.
Ya no queda un palmo de tierra
que sangre de inocentes no contenga,
o no esté regada por lágrimas.
No hay momento en el día
tampoco durante la noche
donde no se escuchen gritos,
Gritos de niños llorando,
como gritaba esa niña,
en Gaza, en Palestina.


AsdG. 10 abril 2009

lunes, 29 de agosto de 2016

MARÍA


Parroquia de San Ambrosio,
en un pueblo pequeñito.
Murió el cura viejecito,
y ha llegado Don Gregorio.

Joven, recién ordenado,
en camiseta y vaqueros.
Tendrá, veinticinco años,
sobre chispa más o menos

María tras los cristales,
lo ve pasar a diario.
Por las mañanas, a Misa,
por las tardes al rosario.

 Ella procura limpiar,
los cristales cada día.
Cuando las campanas tañen
el segundo toque, a Misa.

Y todas las tardes riega
las macetas de geranio,
 Para ver pasar al cura,
que va a la iglesia al rosario.

María no dice nada,
a nadie le ha contado.
Lo que siente en su interior,
al ver pasar al muchacho.

Su corazón se acelera,
se dilatan sus pupilas.
le dan temblores las manos,
y le queman sus mejillas.

Por las noches ya no duerme,
tranquila como lo hacía.
Ahora se pasa la noche,
mirando si ya es de día.

Cuando las campanas, oye
dando a misa el primer toque.
Deja la cama María,
y en la ventana se pone.





Limpia que limpia el cristal,
espera que pase el joven.
Y para que no la vea,
se esconde, detrás de las flores.

María que aún es joven,
que sólo tiene quince años.
No sabe lo que le pasa,
 no se atreve ni a contarlo.

Así trascurren los meses,
Así el tiempo ha pasado.
la niña se ha hecho mujer,
ya cumplió los veinte años.

Y todas las mañanas limpia,
Los cristales a la ventana.
Cuando tocan a la Misa
con repique las campanas.

Y ve pasar a Gregorio,
como el pueblo ya le llama.
Se sigue ruborizando,
le tiembla el cuerpo y el alma.

Ya que le alegra la vida,
de la mañana a la tarde,
y de la tarde a la mañana,
 lo que le pasa, ya lo sabe.

Sabe que está enamorada,
ya sabe lo que es el amor.
Es algo que, sin querer,
siendo niña le llegó.

Y sólo con verlo pasar,
es feliz y no pide más.
 Le ha llegado un rumor,
que lo van a trasladar.

 Gregorio ya se marchó,
de párroco a la capital.
María limpia los cristales,
ya no lo ve de pasar.




También riega los geranios,
cada tarde, día a día.
 Escondida entre las flores,
 suspira y llora María.

Nunca la iglesia pisó,
en tiempo de don Gregorio.
A frecuentarla comenzó,
 una vez que se marchó.

Un día la escuche rezar,
y después del Padre Nuestro,
en voz baja ella decía:
¿Por qué a mí, me has hecho esto?

¡Yo no quería competir!
¡No te lo quise quitar!
Yo sólo me conformaba,
con verlo, cada día pasar.

María sigue soltera,
y ya peina pelo blanco.
 Sigue limpiando el cristal,
y los geranios regando.

 Ya pronto ella cumplirá
los sesenta y cuatro años.
 mira a la calle a diario,
a través de los geranios.

¿Estaré, yo ya caucando?
delante de su ventana.
Como lo hacía hace años
don Gregorio está pasando.

Con los años está más viejo,
pero sigue igual de guapo.
Lleva en la mano un bastón,
 una cruz, del cuello colgando.

Y mirando la ventana,
el Obispo ha exclamado.
Vaya cristales más limpios,
y que bonitos geranios.

Pero, si es la jardinera,
que los regaba hace años
Cuando por esta parroquia,
estuve yo, como párroco.

Y María entreabrió,
las ramas de lo geranios,
dijo: Señor Obispo.
Me alegro de saludarlo.

Muy contenta aquella noche,
 los ojos, rojos por el llanto.
Porque supo que Gregorio,
hacía ya muchos años.

De reojos la miraba,
a través de los geranios.
Y que segura ya está,
de lo que había deseado.

De que ha sido ella amada
igual que ella, lo ha amado.
María la noche durmió,
como no lo hizo en años,

Esa mañana no escuchó,
los tres toques de campanas.
Que al pueblo a la Misa llama,
María... no despertó.

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El haber por amor sufrido,
aunque sea una vida entera.
Seguro que es mucho mejor,
que haber pasado por ella,
sin haberlo conocido.
.


             AsdG. 29 julio 2008.

martes, 8 de febrero de 2011

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